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30.000 negativos olvidados en un desván convierten a MASHA IVASHINTSOVA en otra Vivian Maier.

por Cartier Bresson no es un reloj 

Evidentemente, yo sabía que mi madre hacía fotos todo el tiempo. Lo sorprendente es que nunca compartiera sus fotos con nadie, ni siquiera con su familia.

Es la primera línea del texto con el que Asya Ivashintsova-Melkumyan presenta el sitio web dedicado a la obra fotográfica de su madre, la hasta ahora desconocida Masha Ivashintsova.

autorretrato masha cortada

Autorretrato de Masha Ivashintsova (imagen recortada)

Muchos la han comparado con Vivian Maier, incluso tendría su equivalente catalana en Milagros Caturla. En el caso de Maier y Caturla los negativos de sus fotos fueron adquiridos por desconocidos y a precios irrisorios en una subasta y en un mercadillo callejero respectivamente, cuando ambas ya habían fallecido. Eran tesoros olvidados, trabajos de indudable valor documental y artístico que permanecieron ocultos durante décadas, hasta que el azar y la curiosidad de unos desconocidos los sacaron a la luz.Vivian MaierMilagros Caturla

El caso de Ivashintsova es muy parecido. Fueron su hija y su marido quienes descubrieron cerca de 30.000 fotografías sin revelar en el ático de su casa, donde habían acumulado polvo y suciedad durante años, hasta que unas obras de reforma hicieron que la pareja revisara el contenido de unas viejas cajas.

Acumuló sus carretes en el ático y rara vez los revelaba, así que nadie pudo nunca apreciar los frutos de su pasión. Esos carretes permanecieron en el ático de nuestra casa en Pushkin, San Petersburgo, donde originalmente los guardó, después de su muerte en el año 2000. Hasta hace poco. Mi marido y yo encontramos los carretes mientras hacíamos una reforma de la casa y revelamos algunas de las fotos. Estaban sacadas entre 1960 y 1999. Lo que vimos fue asombroso.

Masha Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Desfile en Leningrado, 1975. Foto: Masha Ivashintsova

Pero los paralelismos entre Ivashintsova, Maier y Caturla terminan ahí. La fotógrafa rusa no fue una solitaria patológicamente celosa de su intimidad como Vivian Maier, ni mostró jamás sus fotografías a nadie, como sí hizo Milagros Caturla, que perteneció a la Agrupació Fotográfica de Catalunya y participó en varios concursos de fotografía para amateurs.

Masha Ivashintsova nació en 1942 en Ekaterimburgo, Rusia, en el seno de una familia aristocrática cuyos bienes, entre los que había un lujoso apartamento en el centro de Leningrado, fueron confiscados por las autoridades tras la revolución bolchevique.

foto niña con gorra

Leningrado, 1976. Foto: Masha Ivashintsova

Cuando era niña, y animada por su abuela, Ivashintsova comenzó a formarse como bailarina de ballet. Sin embargo, al morir su abuela, sus padres decidieron que dejara las clases y asistiera a una escuela técnica.

Truncadas sus aspiraciones artísticas, Ivashintsova pasó por varios trabajos (crítica teatral, bibliotecaria, ingeniera de diseño, mecánica de ascensores, guardia de seguridad…) mientras su vida personal se volvía cada vez más turbulenta.

Asya y su padre

Asya y su padre, Melvar Melkunyan. Foto: Masha Ivashintsova

Mi madre estuvo muy metida en el movimiento poético y fotográfico de Leningrado entre 1960 y 1980. Fue la amante de tres genios de la época: el fotógrafo Boris Smelov, el poeta Viktor Krivulin y el lingüista Melvar Melkumyan, que es mi padre.

Su amor por estos tres hombres, tan diferentes entre ellos, marcó su vida, la obsesionó por completo, pero también la destrozó. Ella estaba convencida de que su talento palidecía ante el de ellos y, en consecuencia, nunca mostró sus fotografías, sus diarios y sus poemas a nadie durante toda su vida.

Masha Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Viktor Krivulin, 1979. Foto: Masha Ivashintsova

El poeta Viktor Krivulin fue una de las personas clave en la vida de mi madre. Fue su amante durante muchos años. Según ella, él fue su primer gran amor. Estuvieron juntos, luego se separaron, luego estuvieron juntos de nuevo, y luego se separaron de nuevo. Estuvieron así durante años.

Masha dedicó muchas páginas de su diario a su relación: “Cuando estoy a solas con Viktor, es como si no pudiera desear nada mejor. Ni siquiera importa lo que él diga. Él habla y sus palabras son como agua revitalizante. Oigo algo dentro de mi pecho, puedo respirar de nuevo y siento la vida en la punta de la lengua. Sus palabras… Nado en ellas como un pez y siento que mi cuerpo cede a la corriente. Sus palabras me llevan lejos”.

Maria Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Melvar Melkunyan, ya separado de Masha. Foto: Foto: Masha Ivashintsova

La relación con el padre de su hija, Melvar Merkunyian, tampoco fue fácil. Masha la describió así en uno de sus diarios:

“Melvar es un maestro desconocido, inalcanzable e intocable. Hubo un momento en que él tenía amor en su interior y un deseo de arrancarme de la repugnante San Petersburgo, de esta ciudad que es como una ciénaga. Me torturó con su voluntad, me encerró, intentó quebrantarme con sus palabras. Le odiaba. Pero debido a mi impotencia interior no podía dar un paso sin él. Y, habiendo escapado, después de haber estado un tiempo fuera, volvía otra vez a mi ‘maestro atormentador’. Y luego, otra vez, lo abandonaba sintiéndome como una virgen pura, sin pecado. Fue él quien cargó con mis pecados”.

Maria Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Masha y el fotógrafo Boris Smelov

En 1974, Masha conoció a Boris y se enamoraron. Se encontraron en un tren que hacía el trayecto de Moscú a Leningrado. En aquel momento, mi madre iba a mudarse a Moscú para reunirse con mi padre (y conmigo) después de varios años de amarga separación. Iba a Leningrado para recoger sus cosas, pero estos planes cambiaron después del encuentro casual con Boris.

La fotografía se tomó en el apartamento de mi abuela materna en San Petersburgo, donde yo también pasé bastante tiempo cuando era pequeña. Boris tiene en sus manos uno de los modelos de Leica más famosos de la década de 1960, la Leica IIIc.

Boris vivió una vida muy humilde, se las veía y deseaba para tener algo de dinero. Sin embargo, ahorró con devoción para tener la mejor cámara. Más tarde, le regaló esta Leica a Masha, un regalo que ella usaría mucho en los años siguientes.

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Familia armenia, 1989. Foto: Masha Ivashintsova

Esta frase es de uno de los diarios de mi madre:

“Yo amé sin memoria: ¿no es eso un epígrafe para ese libro que no existe? Nunca tuve un recuerdo para mí, pero siempre lo tuve para otros”.

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Leningrado, 1977. Foto: Masha Ivashintsova

Masha hacía fotos constantemente, era parte de su día a día, la respuesta a un instinto vital que no podía frenar. Sus fotos son un testimonio de gran valor documental, pero en ellas se vislumbra también cierto toque poético.

Sentía una inmensa curiosidad por el mundo que la rodeaba y tenía especial predilección por los niños y los animales.

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Vologda, 1979. Foto: Masha Ivashintsova

Mi madre aprovechó cada oportunidad que tenía para viajar y explorar el mundo que la rodeaba. En una carta que me envió desde Vologda en 1979, escribió: “En Vologda hay mucha de la vieja Rusia de madera (casas de madera, contraventanas talladas). Todo esto está arraigado en el pasado, pero también se está convirtiendo en parte del pasado. Es imposible guardarlo de cara al futuro, así que al menos estoy intentando captarlo con mi cámara“.

Masha Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Armenia, 1976. Foto: Masha Ivashintsova

Recuerdo a esta anciana, la conocimos durante nuestra visita a Armenia. Estábamos visitando uno de los pueblos junto al lago Sevan. Esta mujer nos vio pasar por la calle y nos invitó a su casa. Ella hablaba armenio todo el tiempo, no entendíamos ni una palabra. Pero sentimos la calidez de sus palabras y la calidez del pan que ella ofreció. Después de compartir el pan, mi madre le sacó esta foto.

La frustración de creer que su arte no tenía nada que hacer frente al genio de aquellos que la rodeaban y los desengaños amorosos la llevaron a una depresión tan profunda que en 1981 tuvo que dejar de trabajar. En la URSS, estar desempleado era prácticamente un crimen y a Masha le dieron a elegir entre ir a prisión o ingresar en un centro psiquiátrico. Ella optó por esto último.

Maria Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Moscú, 1983. Foto: Masha Ivashintsova

Vivió años de profunda infelicidad en varios hospitales psiquiátricos de la URSS, en penosas condiciones, en la época en la que el régimen soviético buscaba estandarizar a las personas y obligarlas a vivir según las reglas comunistas.

Mi madre tuvo una relación difícil con el comunismo. Acabó siendo acosada por el partido en el poder y tuvo que comprometerse a ingresar en un psiquiátrico en contra de su voluntad para su “higienización social”. Se dieron cuenta de que ella nunca podría integrarse en el mundo uniformador y de exaltación socialista que la rodeaba.

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Leningrado, 1978. Foto: Masha Ivashintsova

Tres años antes de su ingreso, Masha fotografió un mono encadenado asomado a una ventana. Al hilo de esta imagen, su hija afirma:

A veces, creo ver una advertencia, una especie de premonición en su fotografía.

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Leningrado 1976. Foto: Masha Ivashintsova

En 1993, la casualidad hace que Masha se encuentre en la calle con el fotógrafo Boris Smelov, su antiguo amante. Su hija relata ese encuentro:

No se habían visto durante más de una década. El día de su encuentro, Masha tomó una foto de Boris y luego Boris usó la cámara de Masha para hacerle una foto a ella. Me duele el corazón cada vez que miro esas dos imágenes. Veo a dos seres humanos agotados y arrasados por el tiempo.

Masha Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Boris Smelov, 1993. Foto: Masha Ivashintsova

Boris murió cinco años después. El 24 de enero de 1998, Masha escribió en su diario:

“Borya (Boris) Smelov ha muerto. Ha muerto en la calle, no muy lejos de nuestra casa. Se congeló hasta morir a la intemperie. Ha muerto. El amor se ha ido. Hoy hemos ido a su funeral en la iglesia que está junto al cementerio de Smolensky. Vino mucha gente (…). Besé la frente sin vida de Borya. Recé junto a Vitya (Víktor) Krivulin. Sostuve una vela, llevé unas flores y arrojé un puñado de tierra sobre su ataúd. En casa, después de hablar con Asya, lloré mucho. Qué pérdida tan terrible y amarga”.

Maria Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Viktor Krivulin, Crimea, 1979. Foto: Masha Ivashintsova

No es extraño que Víctor Krivulin, el otro amante de Masha, acudiera al funeral de Boris. Los tres hombres de la vida de la fotógrafa rusa se movían en el mismo ambiente artístico, y eran, además, figuras importantes dentro del mismo.

Ivashintsova narra en su diario otra situación que demuestra el estrecho círculo que formaban:

“Esta noche Melvar ha vuelto de su cita con Mikhaile Schwartzman (artista vanguardista de Leningrado y amigo cercano tanto de Melvar como de Viktor Krivulin). Ha traído una carpeta con los versos de Krivulin. ¡Cuánto dolor en mi corazón! Lo que parece imposible en la vida real puede ser posible en el reino del espíritu. Dos enemigos celosos se encontraron esta noche en una habitación. Se conocieron a través de sus creaciones y sus creaciones fueron la razón por la que viví y amé”.

Maria Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Asya con su perro, 1980. Foto: Masha Ivashintsova

Masha murió el 13 de julio del 2000, a los 58 años, en brazos de su hija Asya, víctima de un cáncer.

La mayor parte de los 30.000 negativos encontrados en 2017 están aún sin revelar. Es su propia hija quien se está encargando de ellos y de darlos a conocer a través de una web dedicada a la obra de su madre. Como en la citada foto del mono, Asya ha encontrado varias imágenes en las que percibe una profunda simbología.

Masha Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR)

Perro en el lago, 1978. Foto: Masha Ivashintsova

Para mí, esta fotografía es una metáfora de la vida de mi madre: sola, en un hermoso vacío. Sola, pero también en el centro, siendo el sujeto que todo lo capta, sin el cual la belleza no existiría. Masha mantuvo sus obras en nuestro ático porque su fotografía no se hizo para ser exhibida o expuesta. Fueron fruto de su intento constante de comprender las sombras del mundo interior y del exterior. Eran dolor, alegría y la manifestación de la vida misma, al igual que la vida de la propia Masha.

Queda aún mucho por descubrir en la obra de Masha Ivashintsova, una mujer que vivió rodeada de hombres de talento a los que dotó de un aura de excepcionalidad que la enterró a ella misma como artista. La fotografía era su vida, pero una vida que, según ella, no merecía ser mostrada.

Maria Ivashintsova (1942-2000)Photography works by my mother, which I found in our attic after she passed away (Leningrad, USSR) 

Autorretrato. Foto: Masha Ivashintsova

Veo a mi madre como un genio, pero ella no se veía a sí misma como tal y nunca dejó que nadie más la viese como realmente era.

A través de su web, y con la ayuda de amigos y familiares, Asya quiere mostrar la obra de su madre y conseguir el reconocimiento merecido que nunca tuvo. Tal y como explica en la web,  “esperamos que las obras de Masha y su historia lleguen al alma de muchas personas”.

LEE FRIEDLANDER, el fotógrafo que cambió el instante decisivo por el encuadre preciso.

Lee Friedlander es uno de los fotógrafos más prolíficos del siglo XX. Tiene una de las obras más extensas y complejas de los artistas americanos. Con solo 28 años participó en su primera exposición colectiva en el MoMA de Nueva York. Su estilo parte del arte pop con la idea de romper los esquemas tradicionales. En la Fundación Mapfre de Madrid podemos conocer su trabajo hasta el 10 de enero de 2021.

Lee Friedlander (14 de Julio de 1934) empezó a fotografiar en el instituto. Tras graduarse se inscribió en el Art Center School of Design de Los Ángeles pero lo dejó desencantado por el nivel de las clases. Todo cambió cuando conoció al pintor y fotógrafo Alexander Kaminski, un punto clave en su formación.

A partir de entonces se deja llevar por la intuición armado con su Leica o ahora con su cámara de formato medio. La clave es encontrar la forma de romper los moldes, ofrecer siempre algo nuevo que nunca se ha hecho. Hacer algo cercano a la libertad creativa solo con la ayuda de la intuición y una cámara.Lf 1281 10Lee Friedlander Oregón, 1997 Imagen de plata en gelatina 51 x 40,5 cm Cortesía del artista y de Fraenkel Gallery, San Francisco © Lee Friedlander, cortesía de Fraenkel Gallery, San Francisco

En la exposición de la Fundación Mapfre, comisariada por Carlos Gollonet, encontramos una retrospectiva en orden cronológico de las series del autor. Desde las portadas de los discos de jazz hasta sus amados y venerados libros. También descubriremos, entre las 350 fotografías que componen la exposición, diversos diálogos y asociaciones entre los disparos del autor.

La exposición de Lee Friedlander

Como viene siendo habitual en la Fundación Mapfre, las copias de las exposición son vintage. Son fotografías originales positivadas por el autor a partir de sus negativos de 35 mm de una Leica y de los negativos de formato medio de una Hasselblad con la que trabajó entre 1990-2000.

El valor es incalculable. No vemos una interpretación de un laboratorio sino la visión real del fotógrafo. Así es como quiere que pasen a la posteridad. Ni más claras ni más oscuras, con más o menos máscaras. La visión de Friedlander es así, por encima de lo que podemos ver en sus libros o en las portadas de los discos de Miles Davis o de cualquier otro autor de la mítica Atlantic Record.Lf 1 18Lee Friedlander Nashville, 1963 Imagen de plata en gelatina 35,5 x 28 cm Colecciones Fundación MAPFRE © Lee Friedlander, cortesía de Fraenkel Gallery, San Francisco

La exposición son seis décadas de trabajo. Empezamos con una sala dedicada a los discos de jazz. Retratos frontales, picados, recreando la fuerte iluminación cenital que convertía a los músicos en dioses. Quizás es su mayor contribución al mundo del color.

Luego vemos su trabajo en los años sesenta. Sus fuentes (alguna vez habrá que escribir sobre la importancia de las fuentes) son, como en la mayoría de las ocasiones, Walker Evans y Robert Frank. Pero como los buenos creadores no es una copia. Crea un estilo propio en el que empieza a fotografiar lo banal para transformarlo en arte. En cierta manera estamos viendo arte pop, que surgió en aquellos años en los EEUU después de absorber todo lo que llegaba del Reino Unido.

Aquí encontramos la esencia de Friedlander, las imágenes que fundaron el mito. Desde la serie Little Screens donde convierte a la incipiente televisión en un elemento más de la sociedad. Fotografía el aparato en habitaciones vacías, siempre encendida y con un rostro en el interior. Hasta Walker Evans comentó para Harper´s Bazaar la serie de un fotógrafo que hasta entonces solo vivía de las portadas de discos.

Son imágenes aparentemente confusas, donde nada parece ordenado, donde todo parece reflejar el caos. Pero después de leer correctamente la fotografía, todo adquiere sentido.

Lf 8 20Lee Friedlander Nueva York, 1963 Imagen de plata en gelatina 28 x 35,5 cm Cortesía del artista y de Fraenkel Gallery, San Francisco © Lee Friedlander, cortesía de Fraenkel Gallery, San Francisco

Durante los años sesenta viajó con su familia por Europa gracias a una beca Guggenheim. Y visitó España, las dos grandes capitales y el sur por la provincia de Málaga. En esta exposición podemos ver algunas de las fotografías, casi inéditas, que hizo por estas ciudades.

Otra sección importante es la dedicada al mundo del retrato. Rompe de nuevo con los convencionalismos de este género. Trata de la misma forma a los desconocidos que a los más famosos. Ahí están los retratos que hizo a sus amigos fotógrafos como Diane Arbus o Walker Evans:

Estos rostros son vestigios impresos de los roces de Friedlander con la vida, pequeñas huellas fósiles, así de naturales, sin las numerosas intervenciones causadas por el arte manual.

Los años setenta y ochenta

Nos adentramos en la década de los setenta y los ochenta, en la época en la que suaviza su estilo, en la que las copias bajan el contraste y ganan una gama de grises inmensa. Es el momento de uno de sus libros más celebrados, The american monument, donde plasma como nunca se ha visto los monumentos de su país. O Factory Valleys, donde plasmó la vida de los trabajadores.Lf 158 05Lee Friedlander El padre Duffy, Times Square, Nueva York, 1974 Imagen de plata en gelatina 28 x 35,5 cm Cortesía del artista y de Fraenkel Gallery, San Francisco © Lee Friedlander, cortesía de Fraenkel Gallery, San Francisco

Huye de la perfección y fotografía como respira. Pueden ser el resultado de lo primero que ve al mirar, lejos de los encuadres donde se busca más la perfección del monumento más que su integración con el entorno. No se trata de sacarlos bonitos, sino reales.

No se trata de sacarlos bonitos, sino reales.

Como bien dicen su visión no se corresponde con el instante decisivo de Cartier Bresson, donde todo se desmoronaría después de hacer la foto. Lo que importa en la fotografía de Friedlander es el encuadre preciso. Esta es la seña de identidad del autor y lo que se debería estudiar en todas las escuelas.

Si en sus fotografías faltara algo de lo que vemos se caería como un castillo de naipes, como un arco cuando le quitas la clave. Es difícil llegar a este estado. Y seguro que muchos le acusaran de fotografiar el caos. Pero todo consiste en saber leer la fotografía.

De los noventa a la actualidad

En aquellos años cambió al formato medio para trabajar en el desierto de Sonora y conseguir sacar el detalle hasta sus últimas consecuencias. En principio solo iba a utilizarla para este trabajo titulado The desert seen pero siguió con la Hasselblad Superwide.Lf 1367 21

Lee Friedlander Parque Nacional de Grand Teton, Wyoming, 1999 Imagen de plata en gelatina 51 x 40,5 cm Cortesía del artista y de Fraenkel Gallery, San Francisco © Lee Friedlander, cortesía de Fraenkel Gallery, San FranciscoCon esta cámara volvió a mirar sus temas clásicos basados en el paisaje americano. Pero visto desde una perspectiva social, alejado de la visión turística y lleno de sentido… Sus trabajos, sus series abarcan más de diez años de trabajo. No es un encuentro casual con la realidad. Es toda una interpretación que exige ver su trabajo con tiempo.

A Friedlander le gusta buscar metáforas visuales que exigen una mirada atenta. Para ello, incorpora un repertorio banal, creando argumentos visuales confusos que sacuden al espectador con un sentido de la ironía derivado de la yuxtaposición de objetos o ideas aparentemente inconexos. Sus ingeniosas asociaciones nos provocan desconcierto al conectar el disparate con la identificación

Su trabajo es inabarcable. Y en la exposición podemos hacernos una idea de los más de cincuenta libros que ha publicado…. Como decimos muchas veces, no nos queda más remedio que acercarnos a la exposición y aprender, con música de jazz de fondo, en qué consiste esto de fotografiar. Lee Friedlander

Del 1 de octubre de 2020 al 10 de enero del 2021

Fundación Mapfre

Paseo de Recoletos, 23, Madrid Entrada: 3€ (lunes no festivos gratuito)

WALKER EVANS, de la frustración a la rebeldía: la mirada directa que redescubrió y redefinió la AMÉRICA MÁS COTIDIANA

por Cartier Bresson no es un reloj 

La fotografía no sería lo que es, ni de la forma en que lo es, si no fuese por Walker Evans. Esto puede parecer demasiado contundente, pero lo cierto es que esas fotografías en apariencia “impersonales” y con ese engañoso halo de simpleza y estética anodinas han marcado el devenir de este medio e influido en muchos y muy diferentes autores. Es el lógico resultado de la fuerza y la contundencia de la mirada de un fotógrafo cuya visión directa y sobriedad compositiva asombran, atrapan y, sobre todo, calan.

Y es que Walker Evans, su forma de mirar, su estilo minimalista o de una sobriedad cruda, como muchos lo definen, y su pretendida objetividad, están cargados de intención, de significado y de intencionalidad, aunque pueda sonar contradictorio. Evans es ese fotógrafo que cuanto más se esconde detrás de su cámara, cuanto más pretende “desaparecer” como autor, más presente, profunda, reconocible y personal es su huella.

Así, a Walker Evans le debemos muchísimas cosas; también, y esto sorprenderá a más de uno, la existencia de “Los Americanos” de Robert Frank. Y es que fue Evans quien escribió y firmó de puño y letra una de las recomendaciones que hicieron que la fundación Guggenheim aceptara becar al entonces desconocido fotógrafo suizo.

Pero, curiosidades históricas aparte, lo cierto es que la fotografía documental no podría entenderse sin la figura y el trabajo del célebre y temperamental fotógrafo nacido en Saint Louis, Missouri en noviembre de 1903.

Escritor frustrado, su amor por la letra impresa se tradujo en una compulsiva presencia de carteles, palabras sueltas y eslóganes en muchas de sus fotografías. Evans convirtió los textos que encontraba aquí y allá, pegados en paredes o atrapados en letreros, en imágenes con las que contar mucho más que lo que las palabras por sí solas expresaban. Su “venganza” por no haber podido vivir de la escritura fue ir más allá de la palabra escrita y trascender su significado a través de su cámara.

Con Evans aprendimos (y seguimos aprendiendo) a ver la sobria y genuina belleza de las estampas cotidianas, esos paisajes, personas y rincones que forman parte de nuestro día a día y que la costumbre y familiaridad han vuelto casi invisibles a nuestros ojos. Evans es el ejemplo de fotógrafo que se fija en lo que se oculta ante los ojos de todo el mundo.

Y es que, sin Walker Evans, fotógrafos como el propio Robert Frank, Helen Levitt, Diane Arbus o Stephen Shore, por citar unos pocos, no serían lo que son, o lo que fueron, ni en la forma en que lo fueron. Y no sólo fotógrafos, también artistas conceptuales como Andy Warhol y Jasper Jones han bebido de las fotografías de Evans. Incluso hay quien, como José Manuel Navia, afirma que el mirar a Evans es el mejor Paracetamol para acabar con los dolores de una crisis fotográfica.

Nacido en el seno de una familia adinerada del medio oeste, Walker Evans comenzó a tomar fotografías en 1928. Fue el que institucionalizó, por decirlo de alguna manera, lo que ya apuntó, y de forma magnífica, el francés Eugène Atget con sus famosas fotografías del París de principios del siglo XX. Paisajes frontales, directos, “limpios”, tan provocadoramente impersonales que acaban marcando y trazando un estilo y una forma de ver y entender la fotografía tremendamente personal. Suena a contradicción, pero ese es uno de los grandes secretos de Evans: ocultarse tanto y mostrar tanta distancia hacia lo fotografiado, tanta “objetividad”, que su mirada y su presencia se hace tan fuerte, y tan manifiesta, que apabulla. ¿Quién no mira sus fotos y no dice, sin el menor atisbo de duda, “Evans”? ¿Y quién no es capaz de reconocer su huella, a veces sutil a veces profunda, en tantos y tantos fotógrafos a lo largo de la historia, incluso entre los más modernos y aparentemente rompedores?

Curiosamente, las primeras fotografías que publicó, allá por 1930, no eran “muy Evans”. Eran tres imágenes del puente de Brooklyn, en Nueva York, que se incluyeron en el libro de poesía “The Bridge” de Hart Crane. Son fotos muy del estilo Bauhaus, con sus líneas y geometrías casi de cuadrícula, que recuerdan en parte a Atget, pero menos de lo que lo harán sus trabajos posteriores. Es fácil confundirlas con la obra neoyorquina de Berenice Abbott, que fue, precisamente, la encargada de guardar y difundir la obra del magnífico fotógrafo francés. 

De izquierda a derecha, fotos de Walker Evans, Berenice Abbott y Eugène Atget

Pero mientras Atget documentó de forma consciente un París que amenazaba con desaparecer, el trabajo documental de Evans no tuvo, en principio, una intencionalidad evidente en ese sentido. Al menos, no por su parte. Lo admitió él mismo al hablar sobre su excelente trabajo para la FSA (Farm Security Administration):

Iba por mi cuenta, con mucha libertad, donde quisiera, simplemente documentando las cosas que veía, que me interesaban. Estaba solo la mayor parte del tiempo. No buscaba nada, las cosas me buscaban a mí. Solo fotografié lo que me atraía en aquel momento y, sin darme cuenta, resulta que estaba documentando una época.

Pero en realidad hizo mucho más que documentar inconscientemente una época. Evans desarrolló y se reafirmó en un estilo propio, y lo defendió contra viento y marea, pese a que le costara, entre otras cosas, el despido de la FSA.

Dicen los que lo conocieron que no era de los que se cortaba a la hora de decir lo que pensaba, que era testarudo e incluso manifiestamente arrogante. Sus fotos destilan una soledad que, deliberada o no, se percibe claramente en la aparente simpleza de sus paisajes o incluso en la mirada de sus sujetos. Su obra nos traza el perfil de un fotógrafo distante, escrupuloso en su método, pero también comprometido con su forma de observar y ver el mundo.

Autorretrato

En algunas de las entrevistas que se conservan, el estadounidense se muestra tan directo, frontal y desnudo como sus imágenes. No había artificio en su discurso visual, y tampoco lo hay, en ningún sentido, en sus palabras. Por eso, además de ver, analizar y disfrutar de su obra, resulta tan elocuente y esclarecedor escuchar y leer sus impresiones sobre la que fue su pasión y su profesión.

SOBRE SU PERSONALIDAD COMO FOTÓGRAFO

Fui un fotógrafo apasionado y, por un tiempo, arrastré cierto sentimiento de culpabilidad. Pensé que la fotografía estaba sustituyendo a otra cosa; a la escritura. Yo quería escribir. Pero me sentí muy comprometido con todas las cosas que podían salir de una cámara y me volví un fotógrafo compulsivo. Respondía a un verdadero impulso.

Cuando era niño, tenía una pequeña cámara, una barata, y di mis primeros pasos en lo que era mi hobby revelando películas en el baño y cosas así. Creo que todo tuvo mucho que ver con la pintura. Varios de mis amigos eran pintores y fue así como adquirí cierta educación visual.

Pinturas de Walker Evans

SOBRE SU FRUSTRACIÓN CON LA ESCRITURA

Cuando había buena luz, no podía estar quieto. Eso me avergonzaba un poco, porque la mayoría de mis fotografías tenían algo ridículo, casi cómico. Por aquel entonces, a los fotógrafos se les miraba con desdén. Años más tarde, me tomé eso como un desafío. Pero supongo que en mis comienzos pensaba que fotografiar era una actividad menor. Creía que lo que debía hacer era escribir.

Intenté hacerlo durante mi estancia en París, pero me sentía bloqueado, sobre todo porque me exigía mucho. Escribir es algo para lo que hay que ser osado, atrevido. Había leído mucho y sabía lo que era escribir. Pero los jóvenes tímidos como yo rara vez somos atrevidos.

Autorretrato

SOBRE LA INFLUENCIA DE LA LITERATURA EN SUS FOTOS

Creo que la fotografía es la más literaria de las artes gráficas. Al principio no era muy consciente de ello, pero ahora sé que incorporé el estilo de Flaubert mi fotografía de forma casi inconsciente: me influyeron su realismo y su naturalismo, y también su objetividad, entendida como la no presencia del autor, y la no subjetividad. Todo eso puede aplicarse a la forma en la que yo quiero usar la cámara. Pero, espiritualmente, el que más me ha influido ha sido Baudelaire.

SOBRE SUS COMIENZOS

Mis primeras fotos eran muy planas como para ser consideradas artísticas y nadie me veía como un artista. No conseguí que nadie me prestara atención. La gente que miraba mi trabajo decía, “vale, es solo una instantánea de un jardín trasero” o “bueno, eso no es nada. ¿Para qué lo haces? Solo es un coche viejo o un hombre pobre. Eso no es nada, no es arte”. Pero yo sabía que era todo lo contrario, fui terco y me mantuve fiel al mismo estilo. Ahora ya nadie me dice esas cosas.

Fotografiar mansiones fue uno de sus primeros trabajos

SOBRE LA SIMPLICIDAD Y LA BELLEZA

Creo que una fotografía debe ser original y verdadera, honesta y de una simplicidad directa. Creo que en ese sentido soy un moralista, porque la honestidad y la verdad son valores morales. Pero la belleza es algo más. Hay que ser jodidamente cuidadoso a la hora de usar esa palabra. No sé si podría decir qué es la belleza, pero es algo que tiene que estar ahí.

SOBRE EL SECRETO DE LA FOTOGRAFÍA

A veces parece que con la cámara se trata de todo o nada. O bien obtienes lo que buscas a la primera, o lo que haces resulta inútil. No creo que la esencia de la fotografía tenga tanto que ver con eso. Su esencia sale a la luz en silencio, con un destello de la mente, y con una máquina. El secreto de la fotografía es que la cámara adquiere el carácter y la personalidad de quien la usa. La mente trabaja en la máquina o, más bien, a través de ella.

SOBRE LA COMPOSICIÓN Y EL INSTINTO

Tal y como yo lo veo, en fotografía todo se hace instintivamente, no de forma consciente. No pienso mucho en la composición, y lo hago de forma consciente, pero es algo que está en mi cabeza, que funciona por instinto. De vez en cuando, la dejo de lado para no resultar muy artístico. Composición es la típica palabra de maestro de escuela. Cualquier artista compone. Prefiero componer originalmente, naturalmente, en lugar de hacerlo conscientemente. La forma y la composición son terriblemente importantes. No puedo soportar un mal diseño o un objeto inadecuado en una habitación. Lo mismo me sucede con la forma.

SOBRE CÓMO DESCUBRIÓ SU ESTILO

Cuando trabajé para la Farm Security Administration, yo era muy inocente en lo que respecta al gobierno, a todo lo que tenía que ver con Washington. Hice aquel trabajo de forma tan descuidada…

Creo que en realidad estaba fotografiando contra el estilo imperante en aquella época; contra la fotografía de salón, contra la fotografía embellecedora, contra la fotografía artística. Estaba haciendo un trabajo no artístico y no comercial. Sentí, y es verdad, que estaba en el camino correcto, que estaba dando nuevos pasos, que estaba encontrando mi vena fotográfica, y lo sabía, pero no era plenamente consciente de ello.

SOBRE SUS COMPAÑEROS EN LA FARM SECURITY ADMINISTRATION

Miro las fotos que hicieron el resto de fotógrafos y veo que no tienen lo que yo tengo. Creo que soy egoísta y presumido al decirlo, pero entonces yo sabía quién era en lo que se refiere a mi ojo para fotografiar, sabía que tenía un buen ojo, mientras que los otros eran unos farsantes o, simplemente, no veían nada en realidad. Sé que es una falta total de modestia por mi parte, pero es algo que siento que tengo que decir.

Yo nunca tuve la pretensión de cambiar el mundo. Y esos contemporáneos míos que estaban convencidos de que iban a derrocar al gobierno de los Estados Unidos y crear un mundo nuevo eran solo unos idiotas para mí.

SOBRE EL PICTORIALISMO

El fotógrafo que es un verdadero artista nunca crearía imágenes de tipo romántico, como lo hicieron tantos fotógrafos de principios del siglo XIX y XX usando trucos de enfoque y retoque para disfrazar la fotografía y empujarla en dirección a la pintura, cosa que es ridícula… La fotografía debe tener el coraje de presentarse como lo que es: una composición gráfica creada por una máquina y un ojo, algunos productos químicos y papel. Técnicamente, no tiene nada que ver con la pintura.

SOBRE FOTOGRAFIAR LA NATURALEZA

Por una u otra razón, las fotografías de la naturaleza me aburrieron desde el principio. Las miraba y pensaba, “Oh, sí, mira, una duna. ¿Y qué?”

SOBRE ALFRED STIEGLITZ

Tus compañeros artistas pueden enojarte y estimularte al mismo tiempo. A mí me sucedió con Alfred Stieglitz. Cuando empecé a ver sus fotografías, encontré en él a alguien “contra” quien trabajar. Su estilo era demasiado artístico y romántico. Me proporcionó una estética contra la que afinar y dirigir la mía, una contraestética. Pero respeto a Stieglitz por algunas cosas, creo que peleó muy bien a favor de la fotografía.

SOBRE LO QUE APRENDIÓ DE EUGÈNE ATGET

Ves la obra de Eugène Atget y sientes eso que algunas personas llaman poesía. Yo también lo llamo así, pero para mí hay una palabra mejor: trascendencia. Cuando Atget fotografía la raíz de un árbol, su foto trasciende al objeto. Es algo que el resto de fotógrafos no consiguen. Se hacen millones de fotografías todo el tiempo y no trascienden nada, no son nada. En este sentido, la fotografía es un arte muy difícil y probablemente depende de un don, un don que a veces es inconsciente, un talento extremo.

Por supuesto, hay muchas personas extremadamente dotadas y talentosas que no piensan en usar una cámara, pero si lo hacen, eso se nota. ¿Qué tiene de bueno Tolstoi? Que un párrafo suyo describiendo a una joven rusa es universal y trascendente, mientras que lo mismo escrito por otro autor no aporta mucho.

Foto: Eugène Atget

SOBRE EL REVELADO Y LA IMPRESIÓN

El revelado y la impresión son muy importantes. La técnica de impresión es algo oculto, privado, y así debería serlo. Una impresión tiene que ser verdadera, y también eficiente, y puede serlo, fotográficamente hablando. Tienes que tener gusto y saber qué es lo correcto, por ejemplo, en lo que respecta a la interpretación de la luz, que no es poco. Coge un negativo e imprímelo de varias maneras y solo una será la correcta. Es una cuestión que tiene que ver con la verdad. Puedes imprimir una imagen muy falsa de un negativo maravilloso, o puedes hacer una que sea verdadera.

SOBRE LA DIFICULTAD DE LA FOTOGRAFÍA

Considero la fotografía como un acto extremadamente difícil. Creo que el resultado de un trabajo que es evocador y misterioso, y al mismo tiempo realista, es algo grandioso y raro, y quizás, a veces, casi un accidente.

Es fácil fotografiar la luz reflejándose en una superficie, lo verdaderamente difícil es capturar la luz en el aire.

SOBRE LA FOTO DE PAUL STRAND QUE LE EMOCIONÓ

Hay una foto de Paul Strand que me emocionó mucho, la de su famosa mujer ciega. Me dije: “Eso es lo que hay que hacer”. Esa foto es contundente, es real y así me lo pareció. Es estremecedora, brutal.

Mujer ciega, de Paul Strand

SOBRE LO QUE LES DICE A SUS ESTUDIANTES

En primer lugar, les digo que el arte no se puede enseñar, pero que se puede estimular y que un profesor con talento puede derribar algunas barreras, que se puede crear una atmósfera que abre las puertas a la acción artística. Pero la cosa en sí es tan secreta y tan inaccesible… Y no puedes estimular el talento en cualquiera.

Apuesto por el hechizo y el poder visual de un sujeto que puede no ser estéticamente atractivo, hay que mostrar eso de inmediato y luego intentar hacer otra cosa. Para eso es la universidad, o es para lo que debería ser: un lugar para la estimulación y el intercambio de ideas y la oportunidad de dar a las personas el privilegio de comenzar a tomar parte de la riqueza de la vida que hay en todos y que debe ser descubierta.

SOBRE EL DON DEL FOTÓGRAFO

Un fotógrafo debe tener don de gentes. Puedes hacer un trabajo maravilloso si sabes hacer que la gente entienda lo que haces y se sienta bien con ello. Y puedes hacer un trabajo horrible si lo que haces es ponerlos a la defensiva, que es como suelen estar todos al principio. Tienes que sacarlos de ese estado y hacerlos participar.

El Evans que se nos perfila a través de sus fotografías es un descriptor puro de lo que ve, alguien que muestra la realidad sin artificios, pero la clave está en que no se limita a representarla. Con Evans, y aunque pueda parecer contraproducente, la fotografía sigue siendo interpretación. Evans, en su esencia, no es diferente de otros fotógrafos, pese a que, como le hemos leído en este mismo post, fotografiara “contra” el estilo imperante en su época. Su mirada es un intento de comprender lo que ve y de plasmar el resultado de ese esfuerzo en aquello que atrapa con su cámara. Por eso su objetividad no debe entenderse como una ausencia o negación de la intencionalidad. La intención reside siempre esa sed de comprensión, esa necesidad de plasmar, de captar y de contar el mundo tal y como él lo ve y lo (re) construye en su mente. Por eso su objetividad no está reñida tampoco con la subjetividad. Toda mirada es subjetiva. Su objetividad es la ausencia de artificio, de ornamentos, la frontalidad, la simplicidad directa de sus composiciones… Ese decálogo de la objetividad es en realidad una construcción subjetiva. Evans es la prueba de que lo objetivo, si es que existe (ese es otro debate) no impide ni mata lo subjetivo, y que Incluso puede evidenciarlo, subrayarlo.

Esto explica un curioso fenómeno que se da a la hora de observar y analizar las fotografías de Evans. Son tan “reales”, tan “limpias”, tan “objetivas”… que tras un tiempo observándolas esa familiaridad o autenticidad que destilan en un primer momento se nos vuelve extraña. Es como el aroma de un perfume, en el que unas notas de salida dan paso al cuerpo de la fragancia, a la personalidad de la misma, al corazón o la esencia. Lo mismo sucede con las imágenes de Evans. Esa primera capa visual tan sobria y tan ‘Evans’ que nos muestra un edificio en su frontalidad, o un retrato directo, va desvelando, poco a poco, pequeños matices con capacidad para hilvanar significados (y sensaciones) mucho más amplios. Y más profundos. La simplicidad se retira como un velo que esconde un secreto. Ahí es donde la mirada de Evans se funde con nuestra propia memoria visual y nuestros sentimientos. Ahí es, en definitiva, donde Evans nos atrapa. Y no siquiera nos hemos dado cuenta de ello.

Evans no solo fotografía de forma directa para enseñarnos lo que ve “tal y como es” sino para enfrentarnos a nosotros, espectadores, a esa imagen, de tú a tú, sin barreras, sin escudos, sin protección. Su fotografía directa nos convierte en observadores directos. Evans se esconde tras la cámara y detrás de nosotros. Sus imágenes son palabras cortas, a veces ásperas, susurradas en nuestros oídos. Es esa presencia suya, esa forma de desnudar la imagen, de hacerla parecer tan “inofensiva”, tan unidimensional, tan naif, la que nos hace totalmente receptivos a esa estela que, como en el caso del perfume, dejan sus imágenes. Así ha trascendido y trasciende Evans, así ha marcado la historia de la fotografía, así sigue tan presente y tan actual casi 45 años después de su muerte.

La cuestión del arte en la fotografía puede reducirse a esto: es la captura y proyección de los placeres de la vista; es la definición de la observación plena y sentida.

Walker Evans, pese a lo que se dice muchas veces, no es un mero documentalista de lo que ve, sino que se “sirve”, por así decirlo, de lo que ve para combinarlo con su expresión personal y trascender la propia imagen y el propio ejercicio de mirar. Por eso a Evans le gustaba hablar de “documentalismo lírico” o “poético”, un término que solemos asociar con mucha más facilidad a trabajos como “Los Americanos” de Robert Frank, citado al comienzo de este post. Y es ese documentalismo lírico el que explica que la noción fotográfica de Evans no estuviese reñida, sino todo lo contrario, con el concepto de arte.

Porque toda fotografía, y más la buena fotografía, esconde un secreto no revelado, y las fotografías de Evans no son una excepción. En su caso particular, parece hacer las cosas muy visibles, muy presentes, muy auténticas, pero también hay en ellas, y resulta evidente, una (in)quietud, una especie de silencio visual, que es la forma en la que Evans nos inocula su personal misterio. Con Evans la vertiente artística de la fotografía reside en ese instante visual y conceptual en el que lo visible entra en contacto con lo invisible, donde esas imágenes tan “reales” que parece que podemos tocar comienzan a sugerir capas ocultas, una densidad oculta, un propósito, una intención… una historia.

En un texto escrito para ‘Message from the interior’ (Mensaje desde el interior) de 1966, una de sus últimas publicaciones, el fotógrafo estadounidense cita unas palabras de Matisse que resultan evocadoras y, en su caso, más que significativas: “La exactitud no es la verdad”. Porque Evans no es notario de la “verdad”, ni de lo “real”, conceptos ya en su época bastante difusos. Tampoco es un adalid de la “autenticidad” de lo que tiene ante sus ojos, no es ese su objetivo, lo que hace Evans es ejercitar la honestidad de su mirada, reafirmar la entidad y esencialidad misma de lo que ve y de cómo lo ve, de su forma de interactuar y construir formas y significados, y lo hace sin medias tintas, de forma exhaustiva. Nada tiene que ver, en el fondo, con la objetividad o la veracidad, sino que su obra es una reivindicación de una forma de observar directa y sin fisuras. Y eso es, precisamente, lo que lo ha hecho a Walker Evans legendario e inmortal.

Mira fijamente. Es la forma de educar tu ojo, y más. Mira, curiosea, escucha, escucha a escondidas. Muere sabiendo algo. No estás aquí por mucho tiempo.

NOTAS: Las palabras de Walker Evans han sido extraídas, adaptadas y traducidas de varias entrevistas al autor (originales en inglés).

Si os interesa el trabajo de Walker Evans y queréis profundizar en él, el libro “American Photographs” es un imprescindible en toda biblioteca fotográfica y podéis comprarlo aquí.

Mirando el mundo desde lo alto. Fotografías ganadoras del nuevo concurso Aerial Photo Awards 2020

Gracias a la popularidad de los drones, la fotografía aérea está adquiriendo cotas que hace unos años eran impensables. Hoy están muy de moda, y no podemos negar que la sugerente perspectiva que ofrecen permite ver fotos muy sugerentes. Por eso no es de extrañar que aparezcan nuevos certámenes fotográficos como los Aerial Photo Awards 2020 que aquí os mostramos.

The Humpbacks Albert Dros Aerial Photography‘The Humpbacks’ de Albert Dros, finalista en categoría Wildlife de los Aerial Photography Awards 2020

Hace poco ya os enseñamos las ganadoras de otro concurso de origen italiano, y esta vez se trata de uno francés que es de nuevo cuño y se ha creado para premiar, con hasta diez mil dólares, imágenes de fotógrafos de todo el mundo realizadas desde el aire, ya fuera con drones o desde helicópteros, cometas, globos o aviones.

La organización no da datos concretos sobre la participación (aunque habla de «miles») pero sí que han concurrido autores de 65 países y que «para una primera edición, la calidad y diversidad de las fotografías premiadas demuestra la evolución de la fotografía aérea y los estándares que ha alcanzado en la actualidad. Los fotógrafos aéreos demuestran su capacidad para asombrarnos«.Anchovy Catching Thien Nguyen Aerial Photography Awards‘Anchovy Catching’ de Thien Nguyen, segundo puesto en categoría Daily Life de los Aerial Photography Awards 2020

En cuanto a los premiados, en este caso no existe una imagen que haya resultado ganadora absoluta, pero sí un fotógrafo que se erige como el «Aerial Photographer of the year 2020» al haber sido premiado en varias de los 22 apartados en que se divide el concurso. Se trata del belga Sebastien Nagy, quien logró que seis de sus fotos fueran premiadas por el jurado, dos de ellas como ganadoras de su categoría.

Seguramente por eso Bélgica es el país más premiado del concurso, seguido por Rusia y Reino Unido; desgraciadamente, no hay ningún premio para España, aunque una de las fotos del premiado Nagy fue realizada en nuestro país, en concreto en Gran Canaria. También podemos destacar el primer puesto en categoría ‘Sports‘ para Brad Walls, de quien os mostramos un trabajo hace sólo unos meses.Tri Explosion Marc Le Cornu Aerial Photography Awards‘Tri explosion’ de Marc Le Cornu, finalista en categoría Sports en los Aerial Photography Awards 2020

En cualquier caso, felicitamos a todos los ganadores y os dejamos con las fotos ganadoras de cada categoría, además de recomendar, como siempre, una visita a la web para ver más interesantes imágenes aéreas.

Ganadores del concurso Aerial Photo Awards 2020:

Categoría Daily Life: Duy Sinh por ‘The Lady of the Sea’

The Lady Of The Sea Duy Sinh Aerial Photography Awards

Categoría Trees & Forests: Mehmet Aslan por ‘Forest Path’

Forest Path Mehmet Aslan Aerial Photography Awards

Categoría Constructions: Bachir Moukarzel por ‘The Frame’

The Frame Bachir Moukarzel Aerial Photography Awards

Categoría Transportation: Alexander Sukharev por ‘Fairway of the Gulf of Finland’

Fairway Of The Gulf Of Finland Alexander Sukharev Aerial Photography Awards

Categoría Industrial: Joel Jochum por ‘Energy Storage’

Energy Storage Joel Jochum Aerial Photography Awards

Categoría Wildlife: Hua Shang por ‘Flying Flamingos’

Flying Flamingos Hua Shang Aerial Photography Awards

Categoría Cityscapes: Sebastien Nagy por ‘Abstract Greece’

Abstract Greece Sebastien Nagy Aerial Photography Awards

Categoría Abstract: Johan Vandenhecke por ‘Tatacoa desert’

Tatacoa Desert Johan Vandenhecke Aerial Photography Awards

Categoría The World in Lockdown: Prabu Mohan por ‘We are in It Together’

We Are In It Together Prabu Mohan Aerial Photography Awards

Categoría Hotels: Sebastien Nagy por ‘Chromata’

Chromata Sebastien Nagy Aerial Photography Awards

Categoría Enviroment: Azim Khan Ronnie por ‘Flood Water has Damaged Crops’

Flood Water Has Damaged Crops Azim Khan Ronnie Aerial Photography Awards

Categoría Sports: Brad Walls por ‘Ball up’

Ball Up Brad Walls Aerial Photography Awards

Categoría World Culture: Azim Khan Ronnie por ‘Eid-Congregation’

Eid Congregation Azim Khan Ronnie Aerial Photography Awards

Categoría Travel: Yiran-Ding por ‘Shanghigh’

Shanghigh Yiran Ding Aerial Photography Awards

Categoría Water: Kyle Vollaers por ‘Arctic Paradise’

Arctic Paradise Kyle Vollaers Aerial Photography Awards

Categoría Documentary: Marc Le Cornu por ‘Fire Attack’

Fire Attack Marc Le Cornu Aerial Photography Awards

Categoría Abandoned places: Reginald Van de Velde por ‘The Wreck’

The Wreck Reginald Van De Velde Aerial Photography Awards

Categoría Patterns: Daniel Bonte por ‘Umbrella Crossing’

Umbrella Crossing Daniel Bonte Aerial Photography Awards

Categoría Accommodations: Kevin Krautgartner por ‘Colors of Dubai’

Colors Of Dubai Kevin Krautgartner Aerial Photography Awards

Categoría Landscapes: Sebastian Muller por ‘Skyggnisvatn’

Skyggnisvatn Sebastian Muller Aerial Photography Awards

Categoría Other: Ryan Koopmans por ‘On the Edge’

On The Edge Ryan Koopmans Aerial Photography Awards

Categoría Digitally enhanced: Cassio Vasconcellos por ‘Airplanes’

Collective Series Cassio Vasconcellos Aerial Photography Awards

Más información | Aerial Photography Awards

Umbrella Crossing Daniel Bonte Aerial Photography Awards

‘Umbrella Crossing’ de Daniel Bonte. Ganador en categoría Patterns de los Aerial Photo Awards 2020

The Epson International Pano Awards 2020

Con once ediciones a sus espaldas, el certamen australiano ‘The Epson International Pano Awards’ se ha convertido ya en un referente dentro de la fotografía panorámica. Por eso, cuando nos enseñan los ganadores de su concurso podemos decir que estamos ante las mejores imágenes de este tipo del año; y estamos de enhorabuena porque entre ellas hay varias realizadas por españoles, empezando por el elegido como ‘Amateur Photographer of the year‘.

Este año, la organización declara una participación de 5.859 imágenes provenientes de 1.452 fotógrafos (profesionales y aficionados) de 96 países, «un récord para sus once años de historia» que les lleva a hablar de “un año para recordar» (en todos los sentidos), en el que «el mundo cambió y nosotros duplicamos el trabajo y nos pusimos manos a la obra, y el resultado es un año récord para los premios Pano… Estamos abrumados con el nivel de apoyo de los participantes y patrocinadoresPanoFoto de Jesús M.Chamizo, TOP 50 en categoría Profesional Built Environment/Architecture de los Epson Pano Awards 2020

Desde luego los números son mejores que los de la pasada edición, incluyendo unos premios valorados en 40 mil dólares, la mayoría en productos de patrocinadores como Epson (que da nombre al concurso desde sus comienzos) y Nikon, incluyendo un total de diez mil dólares en metálico.

El mayor premio de todos fue para el canadiense Matt Jackisch que se lleva el título principal ‘Open Photographer of the Year’ por la foto ‘Spring Hibernation‘ que habéis visto en portada. Una imagen que realizó tras “un día maravilloso haciendo raquetas de nieve en las BC Coast Mountains en marzo. Con una capa de nieve tan profunda, quedaba mucho invierno en lo más alto«.PanoFoto de Lourdes Gómez Fernández, TOP 50 en categoría Amateur Built Environment/Arquitecture de los premios Epson Pano Awards 2020

Según el autor, la foto de una copa de un árbol sobresaliendo en la gruesa capa de nieve fue «producto de la soledad y la atención […] cuanto más tiempo paso solo en la naturaleza, más tranquila se vuelve mi mente; y cuanto más tranquila está mi mente, más sutilezas noto en mi entorno. Gracias a eso puede ver este árbol«.

Esta imagen fue elegida ganadora por el jurado en la categoría Open Nature/Landscape, que es una de las dos que vertebran la categoría profesional del concurso. La otra es Built Environment/Architecture, en la que venció la foto ‘Mine Waste’ del australiano Colin Leonhardt.

Seis razones a favor de usar el formato panorámico en nuestras fotografías

EN XATAKA FOTOSeis razones a favor de usar el formato panorámico en nuestras fotografías

Por lo que toca al concurso para fotógrafos amateur, como ya adelantábamos (y ya ocurrió el año pasado) el ganador es un español. En concreto el madrileño Juan López Ruiz por ‘Light and Dark on the Towers‘, una espléndida foto en blanco y negro de dos de los edificios que componen el conocido complejo Cuatro Torres.PanoFoto de José Antonio Fajardo, TOP 50 en categoría Amateur Nature/Landscape de los premios Epson Pano Awards 2020

Una foto vencedora en categoría Built Environment/Architecture de la que su autor comenta: «Me gustó mucho la composición de las torres junto con una de las marquesinas de la zona. Hice la toma pensando en hacer un procesado digital en blanco y negro y mejorar el contraste agregando sombras y luz para crear una imagen más impresionante«.

Además, en esta categoría el subcampeón, vencedor en la categoría Open Nature/Landscape, fue el también español Carlos F. Turienzo (que ya el año pasado se llevó el premio al mejor fotógrafo amateur), por su trabajo ‘Janela’ realizada en la isla de Madeira. Además, en casi todas las categorías hay algún otro español seleccionado dentro del TOP 50.PanoFoto de Julio Castro Pardo, TOP 50 en categoría Amateur Nature/Landscape de los premios Epson Pano Awards 2020

Por ello, además de felicitar a los vencedores, esta vez más que nunca os emplazamos a visitar su web para ver todas las imágenes ganadoras y os dejamos con las de los ganadores de las principales categorías:

Ganadores de los premios ‘The Epson International Pano Awards 2020’

Categoría ‘Open Nature/Landscape’

Ganador y ‘2020 Epson International Pano Awards Open Photographer of the Year’ Matt Jackisch (Canadá) con ‘Spring Hibernation’:

Pano

Subcampeón: Manish Mamtani (EE.UU) con ‘Dragon Eye’:

Pano

Tercer puesto: Laurent Lacroix (Francia) con ‘Quivertree Forest Under The Stars’:

Pano

Categoría ‘Open Built Environment/Architecture’

Ganador: Colin Leonhardt (Australia) con ‘Mine Waste’:

Pano

Subcampeón: Steve Scalone (Australia) con ‘Untitled’:

Pano

Tercer puesto: Afshin Jafari (Australia) con ‘The Mind Game’:

Pano

Categoría ‘Amateur Nature/Landscape’

Ganador y ‘Amateur Photographer of the Year’ Juan López Ruiz (España) con ‘Light and Dark on the Towers’:

Pano

Subcampeón: Daniel Trippolt (Austria) con ‘Startrails over Bled’:

Pano

Tercer puesto: Juan López Ruiz (España) con ‘Night Palace’:

Pano

Categoría ‘Amateur Built Environment/Architecture’

Ganador: Carlos F. Turienzo (España) con ‘Janela’:

Pano

Subcampeón: Vitaliy Novikov (Rusia) con ‘Under the north star’:

Pano

Tercer puesto: Krzysztof Browko (Polonia) con ‘Church’:

Pano

Más información y fotos | Epson International Pano Awards

LA CIUDAD INAUDITA

Logotipo del Museo Patio Herreriano

FECHA: Del 24 de septiembre de 2020 al 10 de enero de 2021

LUGAR: Sala 1 y Sala 2

El trasunto de esta exposición, que reúne fotografías de una veintena de artistas, se encuentra en la excepcionalidad de lo que ha venido sucediendo desde aquellos meses tremendos de la pasada primavera que vivimos con verdadera estupefacción. El proyecto, que lleva por título “La ciudad inaudita”, nace de la lectura de los periódicos durante el confinamiento y del encuentro con las imágenes que ilustraban sus noticias. Los profesionales de la fotografía que habían trabajado en servicios esenciales se habían enfrentado a una ciudad en unas condiciones insólitas, especialmente en los días de la llamada hibernación de finales de marzo. Contaban los fotógrafos –en conversaciones que han sido fundamentales para la forja de esta exposición- que el extrañamiento con el que caminaban por la ciudad vacía era, cuando menos, turbador. La “ciudad inaudita” es, decididamente, la ciudad en la que no sabíamos que vivíamos.

La exposición está dedicada a Valladolid pues es un homenaje a la ciudad por parte de quienes trabajan de forma profesional en el campo de la fotografía. En ella conviven trabajos de fotógrafos artistas y también de fotógrafos periodistas, y sitúa bajo una misma luz y en un mismo espacio imágenes realizadas desde una perspectiva estética y otras tomadas con ánimo informativo.

La relación que se trenza entre los trabajos de los gráficos y de los artistas, entre los que no establecemos en la exposición distinción alguna, ha arrojado luz sobre cuestiones de enorme interés, muchas de ellas imprevistas, y ha favorecido la aparición de un conjunto de reflexiones en torno a la imagen contemporánea que se ha situado, tal vez de forma insospechada, en el centro de nuestro discurso. ¿Cómo y a qué ritmo circulan las imágenes en los medios de comunicación? ¿Cuál es la vida de una imagen en función de su contexto, impreso o digital, o de si va acompañada por un texto? ¿Cómo funciona el ojo subconsciente de un fotógrafo? Son cuestiones que asaltan al visitante en su encuentro con unas fotografías que pretenden cuestionar el estatus contemporáneo de la imagen.

Desde la perspectiva de la imagen fotográfica, la pandemia ha obligado a fotógrafas y fotógrafos a hacerse preguntas ligadas a la ética periodística o, para ser más precisos, a la mitigación del posible dolor que puedan desprender las imágenes que afloran en torno al trauma, de acuerdo a un pacto tácito para no ofender a determinadas sensibilidades que no ha hecho sino alejarnos de lo real. Un sentir unánime entre los gráficos que han cubierto la ciudad en tiempos de pandemia, sobre todo en las semanas de confinamiento, ha sido la frustración por no haber podido acercarse al corazón del problema. En vez de imágenes, los medios de comunicación han inundado sus espacios de contenido estadístico que lejos de acercarnos al problema han enturbiado la verdad de los hechos. Muchas veces indescifrables, dichas estadísticas, que muestran evoluciones e involuciones de curvas y complejas nubes de datos, han sido nuestra única ventana a la realidad de este virus inclemente, hurtándosenos también el siempre apreciado aura de la fotografía.

La exposición se articula en torno a los temas que con mayor frecuencia han aparecido entre los cientos de fotografías que hemos visionado. La ciudad desierta, las nuevas interacciones sociales, el concepto de limite, las actividades profesionales de carácter esencial, el triunfo de la naturaleza sobre lo urbano, la dicotomía entre el adentro y el afuera y entre la luz y la sombra, una dualidad, ésta última, que tiene especial relevancia como metáfora del lenguaje fotográfico. Muchos de ellos aparecen entreverados. Asomémonos, por ejemplo, al concepto de límite. De un lado alude a un interés mostrado por la representación de las lindes de la ciudad, la fina línea que separa lo urbano de lo natural, y, de otro, remite a esos otros limites, más o menos tangibles, que han afectado a la ciudadanía, con espacios precintados o restricciones horarias. La relación entre el interior y el exterior, tan marcada durante el confinamiento, abre la puerta a otro conjunto de motivos iconográficos, así las nuevas interacciones sociales o el que tal vez ha sido el más recurrente en nuestro imaginario colectivo: las ciudades desiertas. De nuestras calles vacías se deriva también otro de los temas centrales, las actividades esenciales, de las que han participado también muchos de los artistas que participan en esta exposición.

“La ciudad inaudita” es una exposición de fotografía producida íntegramente por el Museo Patio Herreriano gracias al apoyo de la Fundación Municipal de Cultura y quiere ser una contribución al tejido cultural de la ciudad. En la vocación de nuestra institución de pulsar la realidad de nuestro presente, no podíamos dejar de enfrentarnos a la crisis más acuciante de las últimas décadas. Nos servimos para ello de la fotografía, presuntamente considerada como el medio más eficaz para capturar verdades objetivas, para acercarnos a esta realidad, y en nuestro camino encontramos fallas y contradicciones que amplían y enriquecen su sintaxis.

EL INSTANTE MASATS

Exposición virtual

Hace 13 años inaugurábamos por estas fechas nuestra primera exposición, “Ramón Masats. Color”. En espera de recuperar la actividad habitual de la galería, hemos querido rendir un homenaje a Masats, uno de nuestros autores más queridos, dando a conocer una colección de fotografías, la mayoría inéditas, encontradas recientemente en su estudio. Entre las más de un centenar de imágenes descubiertas, existen negativos y copias vintage, muchos de ellos descartados en la rigurosa edición que el autor realizaba al presentar sus trabajos de encargo en las redacciones editoriales con las que colaboraba en los años sesenta, década a la que pertenecen casi todas estas fotografías.

La contundente mirada de Ramón Masats nos convierte en testigos de una realidad ya pasada, fotografiada con el lenguaje libre, intuitivo y carente de artificios con el que este gran maestro nos ha deleitado en las distintas épocas que han marcado su trayectoria artística. Masats vuelve a sorprendernos con una selecta colección de instantes decisivos en los que nos muestra, una vez más, la gran maestría que siempre ha caracterizado su labor fotográfica, transgresores encuadres que nos sitúan frente a una voluntad discursiva certera y provista de un enorme sentido del humor que nos enfrenta al complejo movimiento de la vida.  VER FESTIVAL PHE VIRTUAL

© Galería Blanca Berlín. 2018

Blanca Berlín — Calle Limón, 28, 28015 Madrid  T +34 915 429 313
http://www.blancaberlingaleria.com

Ramón Masats. ST. ca. 1955-1965 © Ramón Masats

‘Entre el arte y la moda’, una muestra inédita en España con maestros como Richard Avedon, Daido Moriyama, Helmut Newton y Man Ray

by ÓSCAR CONDÉS@hoskarxataka

Hasta 174 obras de 90 fotógrafos internacionales componen ‘Entre el arte y la moda’, una exposición que se nutre de la colección personal de Carla Sozzani. Una editora italiana considerada figura clave de la moda, el arte y el diseño y que posee una de las colecciones más importantes de ese país. Una parte importante la podremos disfrutar, desde el 23 de septiembre al 10 de enero de 2021 en el madrileño CentroCentro y dentro de la programación de PhotoEspaña 2020.

centrocentroBlumenfeld, Erwin. Le Décolleté, Victoria von Hagen, for Vogue, New York, October 15th 1952

Entre los grandes autores que forman parte de esta muestra tenemos a figuras históricas como Richard AvedonDaido MoriyamaMoholy-NagyHelmut NewtonMan RayAlfred Stieglitz y Francesca Woodman; todo ellos nos invitan (según la organización) «a pasear por su experiencia de vida, su relación con grandes fotógrafos de todo el mundo, su carrera en el mundo de la moda y su visión personal del mundo, lo femenino y la belleza

centrocentroDe Biasi Mario. Gli Italiani si voltano (Italians turn around), 1954

Resultado de «40 años de encuentros y descubrimientos«, la colección se presenta como una impecable selección de imágenes «que componen la visión personal de la coleccionista sobre el mundo, lo femenino y la belleza«. Por ello, esta exposición no tiene un concepto cerrado ya que «la propia coleccionista ha preferido invitar al público a pasear por su experiencia de vida, unida a su relación con grandes fotógrafos de todo el mundo y su desarrollo profesional en el mundo de la moda. Las imágenes reflejan cómo se relaciona con este universo y cómo ve el arte«.centrocentroLindbergh Peter. Le Touquet, Linda Spiering and Tatjana Patitz

William Klein, el inconformista que supo mezclar el glamour del mundo de la moda con la cruda realidad de la calle

EN XATAKA FOTO William Klein, el inconformista que supo mezclar el glamour del mundo de la moda con la cruda realidad de la calle

Y es que Carla Sozzani tiene, siempre según la nota de prensa, «un gran conocimiento sobre el pasado del arte y un instinto nato para las tendencias«; de hecho, se dio a conocer a principios de la década de los 70 «por su ojo audaz no solo para la moda, sino también para la fotografía«. Fue directora de especiales de la edición italiana de Vogue y más tarde directora de Elle Italia. Posteriormente abrió su propia galería, creó una editorial e «inventó un nuevo concepto con la apertura de 10 Corso Como en Milán en 1991, que concibió como ‘una revista viviente’centrocentroBassman Lillian. Dorian Leigh, for Harper’s Bazaar, April 1948

‘Entre el arte y la moda’

Del 23 de septiembre de 2020 al 10 de enero de 2021

Entrada gratuita

CentroCentro Cibeles

Plaza de Cibeles, 1,

28014 – Madrid – España

www.phe.es

‘Tomar menos fotos y mirar más’: Tino Soriano nos habla de su último libro ‘Fotografía con una sonrisa’

En este año marcado por la pandemia, en el que tanto nos ha cambiado la vida, Tino Soriano presentó ‘Fotografía con una sonrisa’, una nueva apuesta de Anaya Photoclub para ayudar a todos los fotógrafos a aprender que la fotografía no es solo dominar los programas de edición, sino pensar y sobre todo disfrutar el momento del disparo.

En el mercado editorial abundan los libros técnicos de fotografía… Cómo hacer esto con Capture One, cómo hacerlo con Photoshop o con Lightroom, aprende a hacer fotos con el móvil cada año… La técnica es imprescindible y hay obras imperecederas en el mercado (otras se olvidan fácilmente).

En los últimos años están publicando libros que se olvidan de los aspectos técnicos y nos ayudan a pensar en fotografía. Hay grandes clásicos, como los escritos por Susan Sontag o Roland Barthes. Es verdad que no son lecturas fáciles pero alumbran mucho a quien las lee.

Z Portada Fotografia Con Una Sonrisa 1Portada del libro

Tino Soriano lleva 40 años enseñando fotografía. Ha publicado libros sobre la fotografía de viajes que muchos conservamos en nuestra biblioteca. Y en 2019 presentó ‘¡Ayúdame a mirar La biblia del reportaje gráfico’, un manual que enseguida se convirtió en un clásico. Y un año más tarde tenemos entre manos ‘Fotografía con una sonrisa’, un libro que nos permite pensar en la imagen de una forma más relajada.

‘Fotografía con una sonrisa’, un buen libro para los malos tiempos

Este nuevo libro de Tino Soriano, de 240 páginas y lleno de fotografías del autor deja claro desde el principio, desde la primera línea, que la fotografía no es solo estética, sino también emoción. algo que se olvida por muchos empeñados en demostrar más su destreza con los programas informáticos que con la propia cámara.

Fotografia Con Una Sonrisa Tino Soriano 23Tino Soriano

A lo largo de 11 capítulos, con títulos que resumen lo que van a contar – ‘Fotografía a tu amadísima familia’, ‘Utiliza los grafismos’ o ‘Atentos a lo inesperado’-, el fotógrafo escritor va desgranando las claves para disfrutar con una cámara entre las manos. Esta es la función de este libro: ser feliz con la cámara.

-Fotografía con una sonrisa recomienda tomarse la fotografía de otra forma. En estos tiempos que nos ha tocado vivir ¿qué puede aportar la fotografía para ser más feliz?

Es una evasión psicológica natural. Muchos aficionados a la fotografía han aprendido con la pandemia que el mundo que les rodea, sin necesidad de viajar miles de kilómetros, también puede ser interesante. De repente han descubierto los rostros de sus seres queridos, de sus mascotas, la fotogenia de los rincones de su propia vivienda, o de su calle o de su pueblo. Y a través de la fotografía se han acercado a ellos de una manera diferente a como lo habían hecho hasta ahora. La felicidad está en reconocer las cosas buenas que te rodean y, en este aspecto, la fotografía es a la vez una inspiración y una constatación.

La felicidad está en reconocer las cosas buenas que te rodean y, en este aspecto, la fotografía es a la vez una inspiración y una constatación.

Tino Soriano ha viajado por todo el mundo y ha publicado en gran cantidad de medios. Siempre ha sido un fotógrafo cercano, en todos los sentidos. Es verdad que ha estado a los pies del Everest pero nunca ha dejado de retratar su hogar, su querido lago Banyoles.

‘Fotografía con una sonrisa’ es para todos los fotógrafos, para los aficionados y para los que empiezan a disfrutar. Así como el libro anterior se puede llegar a considerar un libro de texto, un ensayo, este es más cercano y más adecuado para los que quieren conseguir buenos recuerdos y si las sensaciones le acompañan, llegar a ser fotógrafo.

-Has publicado muchos libros de fotografía, pero en los últimos años te has volcado en tu actividad docente y has presentado ‘Ayúdame a mirar’ y ‘Fotografía con una sonrisa’ ¿Cómo ha sido escribir estos libros?

Fotografia Con Una Sonrisa Tino Soriano 95Tino Soriano

Ahora que estoy en el otoño de mi carrera, en aquella fase que todo el mundo te llama maestro pero casi nadie te encarga nada, me apetecía compartir lo que he aprendido después de cuatro décadas ejerciendo la fotografía. Tengo previsto preparar una serie de libros docentes que profundicen en lo que han sido mis grandes temas.

Así ‘Los secretos de la Fotografía de Viajes’ es un canto a la ética y a priorizar las experiencias por encima de las fotos tópicas de las vacaciones, `Ayúdame a mirar´, que ha recibido el Premio Nacional al mejor libro de Fotografía publicado en 2020 por la CEF y lleva 5 ediciones en quince meses, lo he escrito durante un cuarto de siglo para responder a las cuestiones más debatidas del fotoperiodismo.

En cambio `Fotografía con una sonrisa´ es un canto a las imágenes que puede hacer cualquiera sin viajar lejos, siempre que tenga algo que compartir. Y para el año que viene saldrá un nuevo libro sobre el que he estado meditando toda mi vida profesional: el uso del color y las emociones en el momento de la toma.

En una entrevista que hice este verano a través de El club de fotografía, empezó con toda una declaración de intenciones que habla muy bien de la realidad de los fotógrafos profesionales en la actualidad. Por este motivo no hace falta obsesionarse por hacer la mejor foto. Tan solo tenemos que contar las mejores historias.https://www.youtube.com/embed/r4dr4HQou5w?enablejsapi=1&origin=https://www.xatakafoto.com

-Una de las cosas que más me gusta de tu último libro es la tipología de los fotógrafos que desarrollas… ¿Es posible cambiar? ¿Cómo recomendarías cambiar?

Bueno, estas tipologías están pensadas para que la gente se reconozca y así sepa de qué pie cojea. Ya se sabe que vemos antes los defectos de los demás; algo parecido a lo que sucede con la edición gráfica: reconocemos a la primera las fotos de otro que están mal, pero somos bastante miopes con las nuestras.Fotografia Con Una Sonrisa Tino Soriano 83Tino Soriano

Y, desde luego, libros como ‘Fotografía con una sonrisa’ están escritos para aportar soluciones prácticas y fáciles que nos conviertan en mejores fotógrafos. No certifico que después de leer mis libros ganes el World Press Photo, pero sí que serás mejor fotógrafo. Por lo menos si consideras lo que te cuenta alguien que lleva cuarenta años ejerciendo este oficio.

-¿Cuál es la mejor actitud para convertirse en fotógrafo?

Tomar menos fotos y mirar más. No se trata de practicar la pesca de arrastre y luego comprobar si entre los animales capturados hay uno valioso, sino de dedicar la jornada a pescar este ejemplar único, con la ventaja de que una foto, en lugar de privarle la vida, le proporciona una cierta inmortalidad… el secreto es ser perseverante, observador, paciente y un poco pillo.

Cuatro libros de fotografía para leer de una vez por todas

EN XATAKA FOTOCuatro libros de fotografía para leer de una vez por todas

Es un libro que a muchos nos ha venido bien tener al lado durante estos meses, para pensar y disfrutar (más) de la fotografía. Es una buena ocasión para reirte y reflexionar. Tenemos que estar atentos a todo, porque todo lo podemos rellenar con este diario en imágenes que es la fotografía. Y ‘Fotografía con una sonrisa’ nos lo recuerda sin falta.’Fotografía con una sonrisa’

Autor: Tino Soriano

Nº de páginas: 240

Formato: 18,50 x 24,00 cm

P.V.P.: 24,95 €

Anaya PhotoClub

La soledad para conseguir ser mejor fotógrafo ???

En el mundo de la fotografía se puede trabajar de muchas formas. En soledad es una de las mejores formas de hacerlo. Evitas distracciones, estás pendiente de todo lo que te rodea y tienes la posibilidad de encontrar la foto que estamos buscando desde que la vimos en nuestra cabeza. Salir solo a hacer fotos puede que no sea lo más divertido pero mejoraremos como fotógrafos.

La fotografía cada vez es más popular. Nunca se han hecho tantas fotos por segundo ni tantas personas tenían una cámara para expresarse. Todo el mundo se autorretrata, muestra la felicidad de estar junto a los amigos, la familia o la pareja.

Esos disparos son perfectos. Normalmente la fotografía es como el pensamiento. Al final quedan los recuerdos felices. Y normalmente es cuando estamos acompañados. Pero los buenos fotógrafos, esos que aparecen en las enciclopedias o que se recuerdan constantemente en los artículos de internet, trabajan solos. Cámara al hombro y a recorrer kilómetros en su barrio, su ciudad, su país o el mundo entero.

Normalmente la fotografía es como el pensamiento. Al final solo quedan los recuerdos felices. Y normalmente es cuando estamos acompañados. Pero los buenos fotógrafos, esos que aparecen en las enciclopedias o que se recuerdan constantemente en los artículos de internet, trabajan solos.

La concentración es básica para fotografiar. Es un trabajo al que hay que dedicarle tantas o más horas que cualquier otro. Es lo que la gente que empieza no suele entender. Los que piensan que hacer fotografías es fácil y que no tienes más que dar un botón. Que es un mero acto mecánico.

Hacer fotos es bastante más. El disparo es solo un gesto al final. Para llegar a él hemos tenido que aprender, pensar y trabajar mucho. Y todo esto es un recorrido solitario con toda la ayuda que hayamos podido reunir en el camino.

Pero llegará el momento en el que tendremos que andar solos para conseguir lo que queremos. Ahí nos daremos cuenta de si servimos para este mundo o debemos buscar otras formas de expresión.

Hacer fotos hoy en día

Seguro que muchos de vosotros estáis deseando las vacaciones (aquí hay uno que está soñando con ellas). Pero llega la realidad: la familia, los niños, los amigos, el calor, el me aburro, el vamos a tomar algo que esto es un rollo, el ni loco me voy a esas horas a dar una vuelta por el monte… Las vacaciones como las entienden muchos.

Y tampoco puedes convertir a tus acompañantes en las víctimas de tu mundo perverso, donde puedes esperar horas a que el sol esté en la posición adecuada… Así no hay forma de hacer nada realmente bueno. Si acaso bellas postales para contentar nuestro ego.

Es el síndrome del fotógrafo actual. Como no tengo tiempo y quiero hacer cosas buenas, busco las coordenadas de otros fotógrafos para hacer la fotografía de postal. Es otra forma de trabajar.

Es el síndrome del fotógrafo actual. Como no tengo tiempo y quiero hacer cosas buenas, busco las coordenadas de otros fotógrafos para hacer la fotografía de postal. Es otra forma de trabajar.

Pero cuando el fotógrafo se hace es cuando deja todo el lastre y se lanza en soledad por los caminos que le marque el destino o la planificación de su proyecto. En ese momento puede sacar todo lo que tiene dentro. Es cuando se ve obligado a descubrirse como hacedor de imágenes.

Es dueño de su tiempo. No tiene que dar explicaciones y puede esperar todas las horas que necesite. O incluso darse el gusto de no hacer uno solo disparo porque se ha limitado a mirar, una cosa que deberíamos hacer más y que actualmente está mal visto por considerarse algo poco productivo.

Soledadii

En estos tiempos en los que el arte, la literatura o la poesía, o el simple placer de aburrirse está mal visto, no se concibe un fotógrafo solitario. Por eso triunfan hoy en día las mismas fotos de los mismos sitios desde los mismos puntos de vista. Para demostrar que hemos aprovechado el tiempo.

Se repite ese karma del triunfo por encima de todas las cosas, de los cientos de likes en las redes sociales, de la aprobación de los desconocidos que valoran más la nitidez que el mensaje. Se ha llegado al punto de negar el poder de la fotografía de trasmitir historias…

La soledad del fotógrafo

Así que si queremos mejorar como fotógrafos tenemos la pista de miles de autores que han demostrado cómo hay que trabajar y los sacrificios que hay que hacer por una buena imagen.

Ahí está Eugene Atget que nunca dejó de hacer fotos del París que desaparecía. O los miembros de la agencia Magnum cuando eran pocos y se repartían el mundo para contarlo. O Bill Cunningham que no dejaba de estar solo en la Gran Manzana a pesar de estar rodeado de la flor y nata de la sociedad.

Soledadiii

También podemos recordar las travesías por Cuenca del bueno de Navia en las que terminaba durmiendo en hoteles perdidos. O la solitaria vida de Cristina García Rodero para encontrar esa España oculta…

Ser buen fotógrafo es duro. Hay que saber estar solo para hacer lo que uno quiere realmente. Y como muchos de vosotros no queréis llegar a tanto (ni falta que hace) siempre podéis salir por la mañana pronto y volver con el desayuno. O si hace mal tiempo escapar con un impermeable a la calle. O no dejarse llevar por la siesta.

Es en esos momentos cuando podremos hacer mejor nuestra función. Pendientes de todo lo que nos rodea, valorando la luz, las miradas de los que nos rodean e incluso la posible conversación con aquellas personas que llaman nuestra atención y que nos pueden brindar la fotografía de nuestra vida. Porque aunque la vida del fotógrafo es solitaria no quiere decir que no encontremos gente interesante en cada esquina a la que mirar a través del visor.

¿Tienes un mal día? Prueba con las divertidísimas finalistas de los Comedy Wildlife Photography Awards

SERGIO FABARA@kinofabara

¿Tienes un mal día? Prueba con las divertidísimas finalistas de los Comedy Wildlife Photography Awards

La fotografía de vida salvaje usualmente está asociada a aquellos momentos en los que podemos ver la majestuosidad de la naturaleza en su máxima expresión. Sin embargo, la fauna que habita este planeta no es solo seriedad, migración, depredadores y supervivencia. También está acompañada de ternura y risas, como nos lo muestran los finalistas de los ‘Comedy Wildlife Photography Awards’ para 2020.

Para este tercer año de competencia, el certamen premia los momentos divertidos que la madre naturaleza nos trae a través de nuestra herramienta fotográfica. 44 imágenes fueron seleccionadas para competir por el premio mayor de presumir el título de ‘Ganador de competencia’, además de un safari en Kenya, una cámara Nikon y un trofeo de metal realizado artesanalmente en Tanzania.

Jagdeep Rajput Peekaboo 00005007© Jagdeep Rajput – «Peekaboo» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020.

Sobre todo, este premio está hecho para que el lado alegre y llamativo de las imágenes nos ayuden a crear conciencia alrededor de la naturaleza, el medio ambiente y los seres que nos acompañan en el globo terrestre. Los organizadores aprovechan para recordarnos la importancia de realizar más acciones que ayuden a disminuir nuestro impacto sobre la contaminación y el calentamiento global; nos presentan iniciativas como la de la organización de liberación de animales en cautiverio, Born Free; y también nos invitan a pequeñas acciones como utilizar menos agua en casa, tener plantas (así sean algunas pequeñas en nuestros balcones) y comprar responsablemente.

Los ganadores serán anunciados el próximo 22 de octubre. Además de ver el listado completo, podemos visitar la página oficial del certamen para votar por nuestra imagen favorita.

Los dejamos con 15 de las imágenes más llamativas de este año:Arthur Telle Thiemann Smiley 00000091© Arthur Telle Thiemann – «Smiley» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Krisztina Scheeff Seriously Would You Share Some 00006026© Krisztina Scheeff – «Seriously Would You Share Some» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020 00000696© Christina Holfelder – «I Could Puke» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020 Yevhen Samuchenko The Race 00005696© Yevhen Samuchenko – «The Race» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Thomas Vijayan Fun For All Ages 00000079© Thomas Vijayan- «Fun For All Ages» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Wei Ping Peng So Hot 00006854© Wei Ping Peng – «So Hot» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Sally Lloyd Jones Its A Mocking Bird 00001239© Sally Lloyd Jones – «Its A Mocking Bird» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Petr Sochman Social Distance Please 00004664© Petr Sochman – «Social Distance Please» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Mark Fitzpatrick© Mark Fitzpatrick / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Jacques Poulard Lamentation 00006723© Jacques Poulard – «Lamentation» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Kay Kotzian I Think This Tires Gonna Be Flat 00006435© Kay Kotzian – «I Think This Tires Gonna Be Flat» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Max Teo Its The Last Day Of School Holidays 00004398© Max Teo – «It’s The Last Day Of School Holidays» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Esa Ringbom Doggo 00005743© Esa Ringbom – «Doggo» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Eric Fisher Hi Yall 00004184© Eric Fisher- «Hi Yall» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020Luis Burgueno I Had To Stay Late At Work 00006393© Luis Burgueno – «I Had To Stay Late At Work» / Comedy Wildlife Photo Awards 2020

NADIA LEE COHEN. «Not a retrospective «

La Sala de La Pasión expone la obra de Nadia Lee Cohen por primera vez en Valladolid. Cerca de medio centenar de retratos realizados por la fotógrafa británica pueden verse hasta el 8 de noviembre en La Pasión.

La Sala Municipal de Exposiciones de La Pasión presenta la exposición ‘Not a retrospective’, la primera gran retrospectiva de la aplaudida fotógrafa británica Nadia Lee Cohen, reconocida por la crítica desde que con solo 22 años ganara el Premio de Fotografía Taylor Wessing y mostrara su trabajo en la National Portrait Gallery de Londres.

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Es la primera vez que puede verse obra de Nadia Lee Cohen en Valladolid, gracias a la iniciativa de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid. Con propuestas como esta, la Fundación quiere ser escaparate de nuevas generaciones de creadores, de los discursos más frescos y vanguardistas del momento.

‘Not a retrospective’ reúne cerca de medio centenar de instantáneas, muestra de todas las series que la artista ha realizado en su meteórica carrera.  La muestra, que puede verse en Valladolid hasta el ocho de noviembre, permite al visitante descubrir el personal estilo de la joven fotógrafa, influenciado por los editoriales de moda y el cine de Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick y los hermanos Cohen.

Nadia Lee Cohen (Reino Unido, 1990) es fotógrafa, cineasta y artista de autorretrato inglesa que reside en Los Angeles (Estados Unidos). Desde su primer viaje a la ciudad californiana en 2014, la artista ha confesado sentirse “magnéticamente atraída por América”. “Es el único sitio que me estimula y me repele al mismo tiempo de la manera más encantadora”, asegura Lee Cohen.

Esta fascinación por el estilo de vida estadounidense, el conformismo de las zonas residenciales y la idea de perfección que reflejan son transgredidos por la fotógrafa para mostrar su lado más oscuro: desde personajes femeninos que combaten el sofocante conformismo con el escapismo sexual hasta los luminosos rótulos que ensalzan la cultura del consumismo.

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A primera vista, las imágenes resultan llamativas y glamurosas, pero una mirada profunda deja asomar elementos que perturban la escena y que difuminan la frontera entre fantasía y realidad.

«Las imágenes son como fotogramas de una película. Se ve que hay una historia detrás, parece que algo está a punto de suceder», asegura el comisario de la muestra, Mario Martín Pareja. «Ella, tan joven, sabe cómo retener la atención del espectador. Introduce elementos de distorsión que hacen que el visitante recuerde cada imagen», ha explicado.

Pese a proceder del mundo de la moda -estudió en la Fashion College School de Londres-, Nadia «reniega de los cánones de belleza establecidos», lo que le permite, a juicio del comisario, » conectar con el público y ejercer, en cierto modo, de activista».

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Colores saturados, toques surrealistas y una atmósfera en la que se cuelan elementos que rozan lo inquietante son el reconocible sello de Nadia Lee Cohen. Un estilo, con la mujer como indiscutible protagonista, que ha llevado también a su producción publicitaria para marcas como MAC Cosmetics, Adidas o Miu Miu, y al audiovisual en trabajos con artistas como Sofia Loren, Pamela Anderson o
Katy Perry, entre otros. ‘Not a retrospective’, comisariada por Mario Martín Pareja y organizada por la Fundación Muncipal de Cultura del Ayuntamiento de Valladolid y Contemporánea, permanecerá en la Sala Municipal de Exposiciones del Museo de la Pasión hasta el próximo ocho de noviembre.

La muestra puede visitarse de forma gratuita de martes a domingo y festivos, en horario de 12 a 14 y de 18.30 a 21.30 horas.

Nadia Lee Cohen (Reino Unido, 1990) es una fotógrafa, cineasta y artista de autorretrato inglesa que reside en Los Angeles (EEUU). En 2011, Lee Cohen asiste al London College of Fashion y comienza a estudiar fotografía. En 2012 es incluída en el prestigioso premio Taylor Wessing Portrait y expone su obra en la National Portrait Gallery de Londres. Además de su trabajo artístico personal ha realizado trabajos publicitarios (Miu Miu, Adidas, MAC Cosmetics…) y videoclips musicales y cortometrajes con celebridades como Pamela Anderson, Katy Perry, Danny Trejo, A$AP Rocky, Tyler the Creator o Bootsy Collins, entre otros. Sus fotografías han sido publicadas en revistas como New York Magazine, Vogue Magazine, Marie Claire, Interview magazine, Paper magazine y The Sunday Times, y en numerosas revistas digitales especializadas.